Para los que aún no me conocen
(ósea todos) soy Brenda Figueroa, una mujer como cualquier otra, con cientos de
miedos y taras heredadas desde mi tatarabuela, publicista por convicción y
también por la falsa creencia de que no vería matemáticas, algo que se sumó a
una larga lista de errores que luego les contaré.
Me decidí a escribir sobre este
tema, porque como a muchos nos han dicho alguna vez “deberías escribir tus historias, pues solo
te pasan a ti y al chavo” y pues ya ven me convencieron.
Pareciera muy fácil ahuyentar a
un hombre cuando muestra algo de interés en uno y no es tan así, para ello se
necesita esfuerzo y embarrarla con determinación y es ahí donde entró yo. Lo
primero que se debe tener claro es que a muchos hombres no les gusta o les
asusta una mujer que sabe lo que quiere, que lucha por sus ideales y que no
necesita que la cuiden, este tipo de hombres prefieren las típicas princesas,
esas que solo viven por versen lindas para ellos, que si se parte una uña necesita
con urgencia que corran hacía ellas, tomen su mano y les canten un tierno “sana
que sana culito de rana”, la misma que llama a preguntar que quiere de comer o
que si mejor le roba un poquito de su plato pues es incapaz de comer todo eso
(Por dentro muere de hambre), si le parece que cambie el cuadro de lugar o le
envía una foto para que les digan si los zapatos le salen con los aretes.
Aunque parece increíble de creer,
este tipo de mujeres existen y lo peor es que hay muchas de ellas, casi parece
una invasión. Cuando uno se sienta a hablar con un hombre sobre este tema,
ellos afirman que ese no es el tipo de mujer que buscan, ellos prefieren una
mujer inteligente, decidida y bla bla bla, pero siempre terminan con una de
estas “princesas”. Mi gran problema es que nunca quise ser princesa y siempre
me parecí más a las brujas de los cuentos. Siempre he sido “tímida”, lo pongo
entre comillas porque se me pasa rápido y luego no hay quien me calle (Esto ya
ha ahuyentado a varios).
Siempre desconfiaba cuando un
hombre se me acercaba, me decía “Estoy con mi amiga linda, eso es fijo que
quiere hablar con ella, así que ni me esfuerzo”, así que solía ignorarlo. Haré
un paréntesis aquí, si uno sale con la amiga bonita de rumba y su plan es de
conquista, de entrada está fracasando en el intento, uno suele verse más feo de
que lo que cree que es con ella al lado y usted de entrada se va haciendo
harakiri solita, (mmm este pantalón me
saca el gordo, me veo como enana…) y eso mismo es lo que proyecta, resultado,
sola como un hongo o bailando cualquier clase de reggeaton en un círculo de
gente desparchada igual o peor que usted.
Les contaré primero un poco mis
antecedentes para que entiendan mejor porque me arriesgué a escribir sobre el
tema. Después de una larga relación de diez años que terminó como suele suceder
porque aunque no lo crean, el amor se acaba, creí que estaría sola por siempre,
que el amor simplemente era una ilusión, que todos los hombres eran iguales,
que lo mejor sería vivir una vida espiritual y todas las excusas que se
imaginen, en ese momento de mi vida decidí cerrarle la puerta a los hombres, me
sentía devastada, lastimada en mi ego, (Ese sí que duele), me hacía preguntas
como ¿Por qué a mí? ¿Qué estaré pagando? ¿Cómo me dejó si yo le di lo mejor de
mí?, así pase dos años, en los que si llegaba a notar que alguien mostraba un
mínimo interés, yo lo mataba con un “No me interesa salir con nadie”, “Nadie
podrá superar a mi ex” o “puff el amor es una farsa creada hace milenios para
tener embelesada a la gente y que no perciba la realidad “, no necesitaba mucho
para que esos pobres hombres salieran corriendo despavoridos.
Tuvieron que pasar dos años para
que entendiera que terminar una relación no era el fin del mundo, que hacía
parte de la vida y que definitivamente si quería darme la oportunidad de
conocer a más personas, que yo también merecía ser feliz, pero venía el gran
problema, ya habían pasado 12 años en los
que no practicaba como ser coqueta, no salía de rumba y no tenía idea
como actuar si me abordaba alguien que me gustara, es que como si me hubieran
abandonada en el Amazonas tan solo con un encendedor y es de todas estas
experiencias que viví en este tiempo que les daré mi pequeña visión de cómo
ahuyentar a un hombre sin mucho esfuerzo.
Esta historia continuará…
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